La trinchera del pensamiento

Aprender a no dar por evidente lo que parece evidente.

GTA VI y el problema de ser libre cuando no tienes elección

Quizá hayas oído hablar de GTA (Grand Theft Auto), una de las sagas de videojuegos más conocidas. En ella controlamos a distintos personajes dentro de grandes ciudades ficticias, donde podemos conducir, explorar, relacionarnos con otros personajes y seguir historias relacionadas normalmente con el mundo del crimen.

GTA VI continúa esta fórmula con Jason y Lucia, dos protagonistas que intentan sobrevivir en el ficticio estado de Leonida. Pero GTA también nos puede hacer pensar en una pregunta mucho más antigua:

¿Somos realmente libres?

Cuando jugamos sentimos que podemos hacer casi cualquier cosa. Podemos recorrer la ciudad, conducir, explorar o ignorar la historia. Pero nuestra libertad tiene límites: no podemos cambiar las reglas del juego ni convertirnos en cualquier persona que imaginemos.

Y quizá nuestra vida funcione de una manera parecida. No elegimos dónde nacemos, nuestra familia, nuestro pasado ni muchas de las circunstancias que nos rodean. Sin embargo, sí podemos decidir qué hacer con ellas.

El filósofo Jean-Paul Sartre decía que estamos “condenados a ser libres”. Para él, aunque no podamos controlar todo lo que nos ocurre, siempre tenemos que enfrentarnos a nuestras decisiones.

Esto no significa que podamos hacer cualquier cosa. Significa que somos libres dentro de unos límites que no hemos elegido.

Lucia uno de los personajes del juego junto a Jason, por ejemplo, quiere empezar de nuevo, pero no puede borrar su pasado. Puede cambiar, pero tiene que hacerlo desde todo aquello que ha vivido. Lo mismo ocurre con nosotros. No podemos empezar nuestra vida desde cero, pero podemos decidir qué hacer con nuestra historia.

Además, GTA nos muestra algo curioso: tener muchas opciones no significa necesariamente ser más libres. Podemos tener dinero, coches, propiedades y todo tipo de posibilidades, pero seguir estando atrapados en nuestros propios deseos. Quizá la verdadera libertad no consista en tener cada vez más opciones, sino en saber cuáles queremos realmente.

Y aquí aparece una última cuestión. En GTA, como en nuestra sociedad, siempre parece haber algo más que conseguir: más dinero, mejores coches, más propiedades o más poder. Epicuro ya advertía hace más de dos mil años que una vida feliz no consiste en tener cada vez más, sino en aprender a distinguir lo que realmente necesitamos de lo que simplemente deseamos.

Entonces, ser libre no significa poder hacer todo lo que queremos. Quizá significa algo mucho más sencillo, decidir qué hacer con aquello que nos ha tocado. No elegimos todas las cartas de la partida. Pero sí podemos elegir cómo jugarlas.

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